Vestir las ventanas con visillos o cortinas transparentes tiene muchas ventajas. Durante el día proporcionan intimidad, ocultan vistas desagradables y al mismo tiempo dejan entrar una abundante luz difuminada. Además, forman un escudo protector contra el resplandor del sol y disminuyen la decoloración de las telas delicadas.
Los visillos se cuelgan igual que las cortinas: de rieles o barras. Si van a permanecer cerrados, mejor colgarlos de cables en espiral. También se pueden doblar o atar según la imaginación de cada uno. Si tienen un dibujo muy elaborado, es mejor colgarlos sin fruncir la tela para que se vea el dibujo.
Existen visillos naturales y sintéticos de todos los grosores, tejidos y dibujos.
Hay que examinar muy bien todas las muestras que se puedan antes de
elegir. Muchos de ellos encogen, de modo que hay que comprar tela de más y lavarlas antes de medir y cortar para evitar sustos.
A menudo, los visillos están hechos con una cabecera cosida a un lado y con un borde terminado al otro, y en tamaños que se ajustan a la longitud de las ventanas estándar hay coser los dobladillos laterales y listo para colocar al momento.

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